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12/08/2019

"Cuando el Rector Pablo Navas, quien se encuentra fuera del país, me invitó a hablar en esta magna ocasión, me pregunté qué sería lo más apropiado. Y recordé mis las palabras de bienvenida a los nuevos estudiantes, los de la primera promoción, el 3 de agosto de 2004 en la Ceremonia de las Batas Blancas, ceremonia que se hacía por primera vez en Colombia, palabras que en buena parte hoy poseen mayor vigencia y por eso me referiré a ellas. 

 

Hace 13 años, en agosto de 2004, se iniciaron las clases en la nueva Facultad de Medicina de la Universidad de los Andes, que recibió su registro calificado (que es la licencia de funcionamiento por parte del Ministerio de Educación) como un ambicioso proyecto académico conjunto con la Fundación Santa Fe de Bogotá.

 

En esa ocasión, hablando a los recién egresados del bachillerato, les dije:

 

“Ustedes han hecho una escogencia: estudiar medicina, ser médicos. Es una buena escogencia, es una escogencia correcta, es la mejor escogencia. Porque la medicina es ciencia y es profesión. Como profesión es la más generosa, la más noble y la más sublime de las actividades humanas, y como tal, da enormes satisfacciones, provee una sin igual gratificación afectiva e intelectual a quienes la profesan.” Como ciencia es la más joven de las ciencias, porque si entendemos ciencia, vocablo derivado del latín scientĭa que significa conocimiento, como un sistema ordenado de conocimientos objetivos derivados de la observación de los fenómenos naturales y su comprobación experimental, aceptamos como fue solo hasta la segunda mitad del siglo XX con el descubrimiento de la estructura molecular del ácido desoxirribonucleico, el DNA, y el nacimiento de biología molecular, que a su vez creó el nuevo paradigma, la biomedicina, que la medicina se establece como ciencia. Antes era arte y la aplicación de las ciencias básicas, y por ello se la llamaba una “ciencia aplicada”.

 

Ustedes tuvieron un plan de estudios moderno y diferente de lo tradicional, y en él encontraron materias que son de cultura general: ciencias y matemáticas, ciencias naturales y sociales, humanidades, bioética, al tiempo que emprendían un encuentro temprano con el ambiente hospitalario. ¿Por qué las de cultura general, cuando tal vez esperaban comenzar sólo con materias que pudiéramos llamar “puramente médicas”? Porque la medicina es ante todo una actividad intelectual y es humanismo, sobre lo cual se construye el aprendizaje clínico para el trato humanitario del paciente. Porque son estas materias las que fortalecen y amplifican las facultades de la mente, las que estimulan el desarrollo de la identidad propia, las que empoderan la autonomía intelectual. Hoy no se puede concebir un médico que no sea humanista, y hacia allá apuntan los nuevos currículos médicos en las universidades más avanzadas del primer mundo.

 

Es que en el ejercicio de la medicina como profesión, la autonomía intelectual aporta la fortaleza y la seguridad para la toma de decisiones, que en última instancia es una especie de manejo del riesgo frente a la incertidumbre del comportamiento biológico del ser humano. Son estas materias las que dan a ustedes la capacidad de pensamiento independiente, de sentido crítico, fiel al pensamiento de aquel visionario que fundaba esta nueva universidad colombiana en septiembre de 1948, Mario Laserna Pinzón. Con Mario Laserna fuimos compañeros en el colegio, en el Gimnasio Moderno, y fueron varias, tal vez cinco o seis, las conversaciones que tuvimos sobre su idea de fundar una universidad moderna, una que rompiera con el tradicional modelo salmantino (de la Universidad de Salamanca) que regía en todas las universidades de Colombia y de América Latina. Y si yo, cuando cursaba el cuarto año de medicina en la Universidad Nacional y por razón del “bogotazo” del 9 de abril de 1948, no me hubiera ido para los E.U.A. para estudiar en Yale en junio de 1948, mi nombre estaría entre los de los firmantes del acta de fundación de la Universidad de los Andes dos meses más tarde, en septiembre de 1948.

 

Culminan ustedes una esplendorosa carrera, y para capacitarse en ella ingresaron a dos instituciones que son paradigma de excelencia. La Universidad de los Andes, calificada como de alta calidad, representa una excitante aventura intelectual. Con sus facultades, departamentos e institutos, con sus laboratorios y un profesorado de planta e investigadores de talla internacional, con un excelente sistema de información y de bibliotecas, la Universidad es un compendio del saber universal. La Fundación Santa Fe de Bogotá, cuyo Hospital Universitario recibió sus primeros pacientes en febrero de 1983, con su Programa de Salud Comunitaria y sus programas de docencia de postgrado, es única en su género en Colombia y en América Latina. Sus fundadores, entre ellos Gloria González de Esguerra, eximio modelo de filantropía, le fijaron la excelencia y el humanitarismo como objetivo, el cual, a través de los años, se ha cumplido a cabalidad. La Fundación cuenta con un cuerpo de médicos altamente calificados que laboran en tiempo completo y con dedicación exclusiva, en el marco de un estricto reglamento ético y deontológico. En este medio, en la Universidad y en el Hospital, ustedes tuvieron un magnífico escenario educativo, y en él encontraron orientación, apoyo y estímulo.

 

Aristóteles (384-322 a.C.) decía que la salud es el fin de la medicina1. ¿Cuál es el sujeto de la medicina? El sujeto es el hombre. Y el filósofo griego Protágoras de Abdera (c. 485-411 a.C.), discípulo de Demócrito quien fue a la vez paciente y maestro de Hipócrates, proclamó que el hombre es la medida de todas las cosas.

 

Para nosotros los médicos sí que es válido el pronunciamiento de Protágoras, el hombre es la medida de todas las cosas, porque somos nosotros los que tenemos que intervenir directamente sobre la humanidad del hombre, lo cual significa la mayor responsabilidad, mayor que la de cualquiera otra actividad humana.

 

Para ejercer la medicina, para ejercerla bien, se requiere una profunda base cultural y un sólido conocimiento intelectual, porque la medicina no es sólo destreza clínica. Es también la observación de valores, de comportamiento, de responsabilidad y, especialmente, es vocación y compasión.

 

Las palabras vocación y compasión tienen un tinte religioso. Por eso las empleo, porque yo bien sé, al final de una larga vida, que el ejercicio de la medicina, el buen ejercicio, es una verdadera religión.

 

En efecto, la devoción a la medicina, la consagración del médico, consecratio medici, en palabras de Harvey Cushing (1869-1939), profesor de Yale, el verdadero creador de la neurocirugía como especialidad, hablando ante los graduandos del Jefferson Medical College de Filadelfia el 5 de julio de 1926, dijo: “Según un viejo decir, el interés no es lo que une a los hombres; el interés los separa; sólo hay algo que efectivamente une a la gente, y ese algo es una devoción común.”2

 

Es ella, la devoción, la que va a unirlos de ahora en adelante en la práctica de la medicina, y lo hará en forma más perdurable que en ninguna otra actividad. La devoción y la consagración del médico a su ejercicio en esta era de vertiginoso avance tecnológico, en plena revolución de las comunicaciones y de la información, cuando gracias a la biología celular y a la genómica ya conocemos las bases moleculares de la vida y de la enfermedad, constituyen uno de los pilares más fuertes y confiables de la estructura y de la trama de la sociedad. Recuerden siempre ser fieles a ellas, ser fieles a la devoción y a la consagración en su ejercicio profesional.

 

La devoción es un atributo que no se puede medir o registrar mediante estándares ordinarios, decía Cushing. La medicina es una actividad intensamente moral, por cuanto su propósito único y exclusivo es el bien y el bienestar del paciente. La devoción a ella es suprema expresión de humanismo y humanitarismo.

 

También dijo Harvey Cushing a los graduandos del Jefferson Medical College en 1926 que no existe otra profesión en que lo inesperado, lo impredecible, ocurra tanto como en ésta, otra que ofrezca una mayor oportunidad para el desarrollo del carácter y la disciplina, siempre y cuando consagren sus vidas de manera altruista al cumplimiento de su deber, emulando a todos aquellos que así lo han hecho desde cuando hace 2.500 años aquel a quien llamamos “el padre de la medicina”, Hipócrates de Cos, separó la superstición y la magia para estructurar la medicina con fundamento en la filosofía inductiva. Y fue Hipócrates quien expresó la noble frase: “donde exista amor por la humanidad existirá amor por la medicina”.

 

En la relación médico-paciente, que constituye el verdadero contrato social de la medicina, hay tres factores que ustedes conocen y que deben siempre tener muy en cuenta en el ejercicio de nuestra profesión, y estos son confianza, responsabilidad y respeto. Que un paciente coloque literalmente su vida en sus manos, ello significa el máximo de confianza, y para el médico la máxima responsabilidad. Y respeto por el paciente, por sus creencias y valores, y también por sus colegas, médicos, enfermeras y todo el personal de salud, pero ante todo por los valores milenarios de la medicina que estableció Hipócrates de Cos hace 2.500 años.

 

Hipócrates de Cos a quien con justicia llamamos “el Padre de la Medicina”, vivió entre los años 460 y circa 377 a.C. A él debemos el nacimiento de la medicina racional, porque la separó de la teúrgia, la religión y la superstición y porque produjo el primer tratado científico que ha tenido la humanidad, el Corpus Hippocraticum, los Tratados Hipocráticos, compilados, corregidos y ordenados en la gran Biblioteca de Alejandría, probablemente unos cien años luego de su muerte.Hipócrates planteó la medicina racional como método y como sistema, y en el Juramento Hipocrático y en los Aforismas definió el marco ético, deontológico y moral de la profesión y, ciertamente, “dio al médico la más elevada inspiración que jamás haya tenido.”

 

En el primer aforismo Hipócrates define bien la práctica de la medicina, a la cual se refiere como arte: 
La vida es corta, 
el arte largo,
la ocasión fugaz,
la experiencia insegura,
el juicio difícil

 

En otras ocasiones me he referido a la paradoja que confronta la medicina moderna con el triunfo de la biología molecular y de la genómica, en pleno auge de la ciencia biomédica: un paradigma biológico impedido por dilemas de carácter político y económico3. Es motivo de preocupación este fenómeno, que resulta de la confrontación entre el gran volumen del conocimiento médico y el avance tecnológico, cuya debida aplicación significa enorme beneficio para la sociedad, y lo que es un muy serio efecto negativo por parte de la organización de la seguridad social implantada en Colombia por la Ley 100 de 1993, que hizo de la salud una mercancía y de la atención sanitaria un vil negocio. La implementación de la Ley 100 de 1993  ha llevado la salud a la más profunda crisis en la historia de Colombia, crisis que ha afectado a los hospitales pero también, y esto es ominoso, al ejercicio de la medicina, por cuanto el imperativo hipocrático ha sido sustituido por el mandato burocrático de las EPS, la intermediación financiera que creó la Ley 100.

 

La semana pasada la Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas anunció “que la cartera morosa del 66% tiene en cuidado intensivo a los hospitales.” En efecto “La deuda a los hospitales y clínicas llegó a los 7,3 billones, el mayor monto de cartera en los últimos 18 años, con el agravante de que el 66% es cartera en mora … así lo revela el estudio más reciente con corte a diciembre 31 de 2016 en una muestra de 136 instituciones.”4El doctor Juan Carlos Giraldo, director de la Asociación, me dice que proyectado a la totalidad de los hospitales del país, que son 1.800, la deuda seguramente supera los 14 billones. De los 1.800 hospitales que hay en Colombia, aproximadamente 1.000 son públicos, y según la doctora Olga María Zuluaga, directora de la entidad que los agrupa, ACESI (Asociación Colombiana de Empresas Sociales del Estado, que es como se denomina a los hospitales públicos), la deuda en los hospitales públicos, es de 6,3 billones. Frente a esta situación uno se pregunta si existirá solución para una catástrofe de tal magnitud.

 

Por ello, como médicos tenemos la obligación de luchar por la implementación de la Ley 1751 Estatutaria de Salud que sancionó el presidente Santos el 16 de febrero de 2015, la cual consagra la salud como un derecho humano, devuelve la autonomía al médico y debe acabar con el pernicioso negocio de la atención de la salud que ha causado el descalabro social tal vez más grande en nuestra historia.

 

Esta es la decimoquinta promoción de la Facultad de Medicina de la Universidad de los Andes, una Facultad que ya ha demostrado su alta calidad académica, y hoy no puedo dejar de recordar el esfuerzo de años que invertimos en su planeación. El resultado ciertamente ha sido excelente.

 

Para terminar quiero recordar las palabras de la doctora Margaret A. Hamburg, quien fue directora de la FDA (Food and Drug Administration), en la ceremonia de graduación de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford en el año 2012: “El poeta William Butler Yeats (irlandés, Premio Nobel de Literatura en 1923) escribió: «Aunque las hojas son muchas, la raíz es solo una.» Yo espero que ustedes siempre recuerden que a pesar de que las hojas de la medicina son muchas, la raíz es solo una …”

 

Esa raíz, esa única raíz, es el imperativo hipocrático, que establece el marco ético y deontológico de nuestra profesión.

 

Señores padres de familia: rindo a ustedes un sincero homenaje y reconocimiento y los felicito porque escogieron para sus hijos una facultad joven, pero que se fundamenta en dos grandes instituciones, la Universidad de los Andes y la Fundación Santa Fe de Bogotá. Siéntanse justamente orgullosos, como yo me siento, porque ahora sus hijos, vistiendo sus batas blancas, que son el símbolo por excelencia de la medicina, ingresan al ejercicio de una carrera plena de gratificación, gratificación que se acrecienta con el avance y el paso de los años. Y ellos van a actuar como los modernos Hipócrates, respetando y haciendo respetar los milenarios y sagrados principios y valores de la medicina

 

Sí, ¡Ustedes, con sus batas blancas, inician hoy el camino para convertirse en los Hipócrates modernos! 

 

Muy efusivas y sinceras congratulaciones, y muchas gracias."

 

José Félix Patiño Restrepo
Ceremonia de Grados de la Facultad de Medicina
de la Universidad de los Andes
Julio 19 de 2017

 

1 Aristóteles. Ética Nicomaquea. En: Aristóteles. Obras. Traducción del griego, estudio preliminar y notas por F. de P. Samaranch. Aguilar S.A. de Ediciones. Madrid, 1982

 

2 Cushing H. Consecratio medici and other papers. Little, Brown, and Company. Boston, 1928.

 

3 Patiño, J.F.  El triunfo de la biología molecular y el auge de las ciencias biomédicas: Paradigma biológico y dilema social de la cirugía moderna. Rev Col Cirug 4: 126, 1989. También en: Patiño Restrepo JF. La medicina del futuro: paradigmas y dilemas. Rev Fac Med U Nac 42:52, 1994.

 

4 Cartera morosa del 66% tiene en cuidados intensivos a hospitales. Declaraciones del doctor Juan Carlos Giraldo. El Nuevo Siglo 14 de julio de 1917. Pág. 8B

* Fotos: Mi Uniande

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