Hay reencuentros que se sienten como volver a casa. Así fue el brunch que reunió a egresados de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad de los Andes, un espacio para reconectar, recordar y celebrar el camino recorrido desde que la Facultad abrió sus puertas.
Veinte años, un mismo propósito:
El encuentro fue también una oportunidad para mirar hacia atrás. El Dr. Jairo Roa, decano de la Facultad, recordó que el edificio donde hoy se forman los futuros médicos fue inaugurado hace 19 años por quienes hoy regresaban a este espacio. “Este edificio lo inauguramos hace 19 años. Ustedes lo inauguraron. No éramos los mejores del mundo cuando empezamos las clases, pero ustedes inauguraron esto, y hoy cumple casi 20 años”.
Una facultad que sigue creciendo:
Desde aquella primera generación, la Facultad se ha transformado para responder a los nuevos desafíos de la formación médica. La Dra. Ana María Molano, directora del Pregrado, destacó algunas de estas oportunidades: desde séptimo semestre, los estudiantes pueden cursar materias de posgrado y acceder a énfasis en áreas como neurociencias, salud pública y metabolismo.
También resaltó el crecimiento de la internacionalización: actualmente, uno de cada tres internos realiza su internado selectivo fuera del país, la cifra más alta en la historia del programa. Estos logros, señaló, también son fruto del ejemplo y el prestigio que los egresados han construido generación tras generación.
La historia detrás del sueño:
Recordar el origen fue inevitable, el Dr. Roberto Esguerra, uno de los fundadores de la Facultad, compartió cómo el proyecto liderado por José Félix Patiño enfrentó una fuerte oposición en sus comienzos, tanto en la Universidad como en la Fundación Santa Fe de Bogotá. “El nacimiento de esta Facultad de Medicina no fue fácil, fue sumamente difícil. Pero el gran gestor tenía muy claro que ese hospital no podía ser sino un hospital universitario, con la mejor universidad posible”.
Una comunidad que deja huella:
Las voces de los egresados también recordaron el impacto de esta formación más allá del ejercicio profesional. Sus experiencias destacaron el valor de los vínculos construidos durante la carrera, así como las oportunidades para desarrollar una trayectoria en ámbitos como la industria farmacéutica, la investigación y la epidemiología.
Entre café, fotografías junto a la mascota de la Facultad y conversaciones que se extendieron más de la cuenta, el encuentro confirmó que, casi dos décadas después, la comunidad sigue creciendo sin perder aquello que la une: una historia compartida y el orgullo de haber sido parte de ella.













